Entradas

Libro EL PUEBLO DE LAS FECHAS

Imagen
PRÓLOGO (versión ampliada) Creemos que no nos vamos a morir nunca. Vivimos como si el tiempo fuera una promesa infinita. Postergamos abrazos. Guardamos palabras. Dejamos sueños para “algún día”. En San Gerónimo era distinto. Allí, cada persona conocía la fecha exacta de su muerte. Un sobre gris. Un solo renglón. Un número final. Y, sin embargo, saber no los hizo vivir menos. Los obligó a mirar el tiempo de frente. Al principio, el miedo los domesticó. Controlaron sus emociones. Evitaron amar demasiado. Aprendieron a no vibrar. Hasta que comprendieron algo esencial. No era la fecha lo que los limitaba. Era el temor a sentir intensamente. Y cuando dejaron de vivir como si fueran eternos —pero también dejaron de vivir como si ya estuvieran condenados— aprendieron algo más difícil: Disfrutar segundo a segundo. No porque fueran inmortales. Sino porque entendieron que cada instante era real. Esta es la historia del día en que un pueblo que sabía cuándo moriría aprendió, finalmente, a vivir. ...